A PROPOSITO DE CARACAS..CIUDAD DE DESPEDIDAS…

Vaya revuelo que causaron con este video, un video que ha levantado criticas feroces y desmedidas de algunos sectores que parecieran creerse amos y señores de la verdad absoluta, de aquellos que critican la superficialidad de sus protagonistas con una asombrosa “superficialidad”.

Creo que los autores y protagonistas del video, a decir por algunas de sus posteriores declaraciones, no tuvieron idea del alcance y magnitud de sus palabras. Palabras que se nota no fueron preparadas ni parte de un guion, fueron totalmente espontaneas y un simple reflejo del pensar de cada uno de ellos amparado en la irreverencia (a veces desmedida) de esas edades, llenas de una verdad que aunque muchos no compartan les pertenecen como un derecho irrenunciable, cargadas de una honestidad que cada día parece mas escasa, palabras que ni siquiera fueron edulcoradas con la magia de la edición, palabras atrevidamente honestas, pecantes de ingenuidad y poco usuales en estos tiempos.

Pero bien, analizando esas palabras, sin duda ese exceso de honestidad puso en el tapete muchas otras realidades que merecen la pena ser analizadas en su justo y más amplio contexto.

No cabe duda que la carroña mediática del oficialismo hizo su agosto a costillas de estos chamos que simplemente se atrevieron a expresar su opinión sobre el país, expresión que resulta válida en un país que se precia de respetar la libertad de expresión. Sin embargo para sus mas férreos detractores el video reflejaba el “fascismo de la clase burguesa que denigra de sus propias raíces”, “una clase alienada y consumista que se avergüenza de su gentilicio y ha perdido su identidad”, entre los más retorico, “simples apátridas”, mas o menos en líneas generales fueron estas las impresiones que recogí en mi TL. Y sobre esto yo diría que si bien estos jóvenes no recurrieron a un elaborado discurso ideológico para justificar sus palabras, ni se molestaron en disfrazarlas o darles cierto nivel de argumentación pues ello no debe restarle importancia al verdadero trasfondo de lo que allí se expresa y que ha de ser a mi juicio, el centro de todos los debates y discusiones consecuentes.

Sus palabras, sin lugar a dudas reflejan una profunda decepción por su país, un evidente desapego por eso que algunos llamamos patria, quizás muestra una clara desvalorización de su identidad, pero yo digo, por que en lugar de atacarlos o “desenmascararlos” como decía una tipa por allí, por que nadie se molestó en preguntarse por que esos jóvenes piensan así, cuales son las razones que los llevan a expresarse con tal desapego a sus raíces, aun mas allá de que sus razones sean validas o no.

Alguien decía que estos chicos eran la “semilla del capitalismo”, que eran el producto de esa clase burguesa representada en la oposición, de ser así, yo pregunto de quien es la culpa? Acaso son ellos culpables de haber sido formados bajo una cultura “capitalista” que desde hace mas de 50 años se ha transmitido de generación en generación?, son acaso ellos culpables de haber crecido bajo los privilegios de una clase burguesa o pudiente? o acaso podemos culpar a una familia burguesa de inculcar esos valores en sus hijos frente a un Gobierno que se dice revolucionario y no ha sido capaz de erradicar esa cultura capitalista y burguesa de su propia estructura de Estado?

Alguien hablaba de desenmascararlos…y no, no hay nada que desenmascarar, cada cual, a su manera solo quiso mostrar su percepción particular del entorno donde se desenvuelve, sin pretender caer en el plano político, sin hacerse parte de la confrontación cotidiana que nos consume. De allí, que quienes descontextualizando sus palabras y manipulándolas quisieron enmarcarlo en el espectro político, solo pusieron en evidencia lo más insustancial de la critica visceral y eso sí, una critica cargada de una clara dosis de envidia, resentimiento, frustración y prejuicios de quienes creyéndose dueños y herederos exclusivos de la venezolanidad arremetieron contra ellos.

En mi opinión, diría que algunos utilizaron términos indebidos de los que luego quizás se retractarán, pero en esencia se mostraron tal cual son, jóvenes que han sido criados bajo un modelo de vida distinto al de otra gran parte del país, que mas allá de sus privilegios han sido obligados a ser parte de un entorno caótico que trastoca sus aspiraciones mas elementales y cuyas historias son tan particulares que al final sus perspectivas se enmarcan en ese limitado espacio que los envuelve en el “este de caracas”, son simplemente ellos y sus vivencias individuales, son ellos y su forma de vida, son ellos y ese modelo que no eligieron pero que asumieron como suyo y al que este gobierno dice oponerse, son ellos y su estilo de vida que sienten amenazado, son ellos y la tranquilidad que sienten arrebatada o simplemente son ellos y su temor ante un futuro que incierto no les ofrece garantías de poder mantenerlo.

Pero por otro lado, también refleja una cara de nuestra sociedad, la sociedad que estamos formando, argumentos tan superfluos como un origami, que nos dicen que mas allá de la seriedad de sus razones no han logrado la madurez intelectual para argumentarlas. Al final, la fragilidad argumentativa de sus opiniones, sus palabras, su estilo son el reflejo de una sociedad que va creciendo bajo los designios de la indiferencia a la que nadie le pone coto, una sociedad que dice lo que quiere a los cuatro vientos sin reparar en ello, sin reflexionar en el Por qué o en el Cómo, una sociedad que emerge sobre la volatilidad de sus propias convicciones. Bajo esta debilidad argumentativa se desdibujan las verdaderas razones que motivaron cada palabra, desvirtuando un mensaje claro que no supo ser expresado, un mensaje que quedó oculto tras el estereotipo del niño rico que vive en su mundo paralelo y ajeno a la realidad y los problemas de quienes le rodean, tras ese velo se desconfiguró la verdadera esencia de las palabras y la evidente inconformidad, valida, de esos jóvenes que independientemente de todo cuanto se les recrimine, son tan caraqueños y tan venezolanos como cualquiera de sus muchos detractores.

Del mismo modo nos coloca frente a una realidad incontrovertible sobre nuestro rol como sociedad, del rol que cada familia, la escuela y los medios de comunicación ha desempeñado frente a las generaciones que se forman bajo su influencia, cabria preguntarnos entonces, Cuanto y cómo hemos influido nosotros como sociedad en la visión tan particular de estos jóvenes? Cabria preguntarse cuantos de nosotros hemos reflexionado sobre nuestro entorno y nos han dado ganas de salir corriendo? Cabria preguntarnos si como sociedad tenemos una respuesta seria a estos inquietudes, si acaso nuestro Gobierno o la dirigencia político-partidista tiene respuestas claras y alternativas viables para quienes abierta o calladamente piensan en abandonar el país? Cabria preguntarse si acaso mas allá de la forma, de los argumentos, de los puntos de vista particulares de cada joven, si acaso esas visiones que decimos no compartir se levantan sobre una realidad colectiva silenciosa, la triste realidad de la despedida, que es en si, la base que dio origen a este video, una realidad que se erige sobre una idea tan frágil y tan contradictoriamente contundente como “ahora las fiestas del fin de semana son para despedir a alguien que se va del país”, una frase tan simple que logra introducirnos en una realidad en la que al parecer pocos reparan, o que algunos prefieren ignorar o de la que otros hablan sin hacer mucho ruido, la realidad de los que se fueron o la realidad de los que se van, o la realidad oculta de los que quisieran irse. De esto nadie habla, salvo para lamentarse, salvo para criticar o descalificar, pero la verdad nadie aborda el tema, en especial quienes deberían ser los primeros en avocarse a ello. Esa es la realidad que se puso en el tapete y que las criticas banales dejaron en un segundo plano. Muchos de sus detractores aseguraban que esos 7 jóvenes no le hacen falta al país, pero la realidad es que son cientos de miles los que se han ido ya buscando mejores perspectivas de futuro, mejor estabilidad y mayor seguridad, venezolanos que con mucho esfuerzo, sacrificio y limitaciones han logrado sobrevivir a los obstáculos que representa ser un inmigrante, adaptarse a otra cultura, o cambiar radicalmente su estilo de vida, pero que a cambio han encontrado en ese otro país esas anheladas condiciones que desafortunadamente su patria no les garantiza.

Basta con escucharlos, analizar sus palabras mas allá de la forma o el estilo, es interpretar e identificarnos con ese sentimiento que transmiten cuando dicen “Me iría del país porque… en verdad me da miedo quedarme aquí. O sea. Esa es la verdad.” Asumir que le tienen miedo a su país y criticarlos por ello? Que acaso nosotros no vivimos ese miedo constante cuando salimos a la calle o cuando un ser querido se demora en llegar a la casa? Como criticar a un joven que siente MIEDO de quedarse en su país cuando este no le ofrece tan siquiera el elemental y fundamental derecho a vida. Quizás a simple vista parezca una frase vacía, pero acaso la palabra miedo exige un catalogo de argumentos para entender su significado y alcance?.

Basta con escuchar el desdén con el que identifican al venezolano (olvidando o eludiendo intencionalmente su propia condición de venezolana), “Es un desorden mental el que tienen los venezolanos. Yo creo que esa es la personalidad de acá… yo creo que es la mayor característica.” Pero mas allá de ella, acaso su despectiva frase no guarda algo de realidad? Acaso no somos una sociedad ahogada en el caos y la anarquía urbana, acaso no somos una sociedad que desconoce el sentido y razón de la palabra respeto en todas sus formas? Acaso no es esa la realidad que refleja esta frase, acaso no es esa la imagen que como sociedad le damos a las nuevas generaciones o peor no es esa la cultura que les transmitimos? Basta con salir a la calle, en Caracas, Valencia o Maracaibo y darte cuenta como nos comportamos, cual es nuestra conducta en sociedad, para entender ese “desorden mental” que nos endosan.  De allí que aquello del origami que a tantos indignó, es seguramente una idea recurrente, no solo en muchos caraqueños, creo que muchos hemos sentido alguna vez ese deseo.  “Si yo, por ejemplo, agarro a Caracas como un origami, lo doblo, lo meto en mi bolsito de mano, lo llevo no me importa adónde coño. Entonces vuelvo a desarmar a Caracas y me meto yo allí… bueno, claro, como si fuese un cubo saco a todos los caraqueños, ¡que se caigan!, y me quedo yo con Caracas y entonces meto nada más a la gente que yo quiera, como un Polly Pocket, jajaja. Bueno… soñar no cuesta nada”. Esa idea del origami es tan recurrente como la de aquellos que quisieran desaparecer los carros de las largas colas, o los que a diario quisieran desaparecer a todos los motorizados, o sin duda la que creo mas recurrente, la idea de desaparecer a todos los delincuentes, corruptos, traidores y toda esa gente “mala” que creemos afecta la armonía de nuestro entorno. Vaya que si, creo que muchos hemos querido convertir a Venezuela en un Origami o en un cubo del que podemos sacar y meter gente para facilitarnos la vida.

Y sin duda la más…. ”¿Si me iría? Sí me iría. Me iría demasiado.” Pues al final cada uno de nosotros está en condiciones de hacerse y responderse a si mismo esta pregunta, está en cada uno de nosotros evaluar nuestras condiciones, nuestras expectativas, nuestras prioridades y necesidades, confrontar nuestra realidad, analizar la situación del país y la forma como la asumimos, evaluar nuestras posibilidades y las herramientas con las que contamos para forjarnos el futuro que aspiramos para nosotros y los nuestros. En lo particular, quizás me iría, pero no demasiado, no demasiado lejos de mi gente buena, cálida, noble y divertida, no demasiado lejos de esta tierra bendita y de sus majestuosos paisajes, no demasiado tiempo para no olvidar la grandeza de nuestra historia y lo hermoso de nuestras raíces y costumbres…solo me iría lo suficiente para crecer a plenitud y alcanzar las metas que acá no he podido, me iría lo suficiente para conocer lo positivo de otras culturas y sus experiencias de desarrollo para así poderlas aplicar en mi país, me iría lo suficiente para demostrarle al mundo que los venezolanos, a pesar de todo, somos en esencia gente trabajadora y honesta, , me iría lo suficiente para llevar el orgullo de ser venezolana hasta el ultimo rincón del mundo….Yo si, sin duda me iría, pero no demasiado…Y TÚ?

 

    • robert
    • 10/05/12

    Bien, pero muy largo. Te faltó comentar que la verdadera razon de querer irse es xq de 1 forma pueden comparar esta mierda con otras culturas. Fijate, no me referi a paises. Xq tienes tanto tiempo libre hijita?

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