Cultura de la Legalidad (IV Parte)

La consolidación de cualquier forma de Gobierno inspirada en principios democráticos, exige sin lugar a dudas la prevalencia de un Estado de Derecho fortalecido y amparado en una verdadera y efectiva Cultura de Legalidad, basada en el respeto y obediencia a las leyes que el propio Estado con la anuencia de sus ciudadanos ha impuesto como principios rectores de su propia convivencia.

Parte de nuestros problemas como sociedad radican en la forma como actuamos frente a la Ley, como la percibimos, la percepción que tenemos de quienes estan llamados a ser garantes de la legalidad y la percepción que tenemos de la autoridad misma.  Para ello resulta imprescindible definir los alcances de nuestro orden legal, que como he dicho en entradas anteriores, parte de una norma suprema que en esencia define los principios que orientan al Estado a la consecusión de sus fines primordiales de paz y justicia social y a su vez, los parámetros que definen el comportamiento colectivo orientado a la construcción de un nuevo orden social, pero que desafortunadamente, como norma rectora deja en manos de Leyes su necesaria consolidación, siendo en este aspecto donde radica a mi juicio la gran falla de nuestro ordenamiento jurídico que no ha sido capaz de cohesionar las leyes macro de un modelo que se pretende enterrar y que se dice contrario al modelo “socialista” con los lineamientos dispuestos en su norma rectora.  Pero bien, dejando a un lado el tema normativo, entramos en un ámbito aún más complicado, si se quiere, pues la realidad nos conduce a asegurar que en el marco de un Estado de Derecho el desconocimiento de las normas que regulan las relaciones entre particulares o entre estos y el Estado resulta un camino peligroso hacia la discrecionalidad, autoritarismo, arbitrariedad y corrupción que sin duda son el principal obstáculo para una sociedad que pretende progresar política y socialmente..

De lo anterior, surge la necesidad de abolir la falsa creencia que nos lleva a  asumir el conocimiento de la Ley como un asunto exclusivo de abogados, jueces, legisladores y funcionarios vinculados al aparato jurisdiccional, puesto qué,  siendo el ordenamiento jurídico el llamado a regular las conductas de los ciudadanos, lo que se espera entonces es que estos conozcan al menos los principios básicos y elementales que lo definen, partiendo de los Derechos y Deberes que le garantiza e impone la Constitución así como las normas básicas que imponen las condiciones para la sana convivencia.

En este sentido, la escuela y la familia deben jugar un papel determinante, pero en ello debe también involucrarse al Gobierno, debe prevalecer, como en todo, un verdadero principio de co-responsabilidad y colaboración de manera que entre todos logremos consolidar una verdadera y sólida cultura de la legalidad en todos los niveles de nuestra sociedad, de allí que el fortalecimiento de una Cultura de la legalidad exige como ya he dicho un cambio profundo en los paradigmas del pensamiento colectivo, partiendo de la concepción que de ella tengan quienes están llamados a difundirla y garantizar su cumplimiento, así como la percepción y consecuente actuación que frente a ella asuman quienes están llamados a cumplirla y a ampararse en ella.  Sólo así el ciudadano podrá comprender y asumir su verdadero rol en la construcción del nuevo orden social, asumiendo el apego a la ley como criterio orientador de su actuar diario.

Pero cómo lograr esto en una sociedad que ha crecido de espaldas a la legalidad, como cambiar una cultura errada que parece arraigada en las propias entrañas de la sociedad? Cómo lograr esto en una sociedad donde tragarse la luz roja, revender entradas, tragarse la flecha, robarse la señal de cable, pagar vacunas, contratar indocumentados, pegarse del cable eléctrico del vecino, alterar el medidor de agua, entre muchas otras cosas, se hacen conductas cotidianas, normales y hasta moralmente aceptables? Cómo imponer una cultura de legalidad en una sociedad viciada y carcomida por la ignorancia de la ley, donde la ilegalidad se ha hecho costumbre, en una sociedad donde el respeto a la ley y el “deber ser” son la más extraña de las excepciones?  Sin duda alguna, transformar esta errada cultura es una tarea titánica, que sólo podrá alcanzarse en la medida en que logremos cohesionar o engranar el discurso y los hechos, los preceptos de nuestro ordenamiento jurídico y su efectivo cumplimiento.

De modo que todo parte de la percepción que tengan los ciudadanos de la ley y su actuación frente a ella, pues mientras el ciudadano no la asuma como un precepto que debe cumplir, sencillamente seguirá actuando a sus espaldas. De allí la vital importancia de que el Estado asuma como prioridad absoluta la promoción, difusión y fortalecimiento de una Cultura de Legalidad en todos los niveles de la sociedad.  Mientras como sociedad no se logre superar ese obstáculo, jamás forma de gobierno alguna, ni siquiera la más perfecta, podrá lograr la consolidación de sus fines y aspiraciones, por más nobles y justos que estos sean.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: