LA UNIDAD QUE NECESITAMOS…

No importa si nuestro color político es azul o rojo, verde, amarillo o cualquier otro. No importa qué religión profesemos o cual sea nuestra orientación sexual, raza, color o condición social, al fin y al cabo todo forma parte de la diversidad de tendencias, de culturas, de visiones, de pensamientos, que debe albergar un país. El nuestro es sin duda un homenaje a la pluralidad, a esa gran diversidad que siempre nos ha caracterizado, un país multiracial, multicultural, un país con una amplia diversidad ecológica, climática y geográfica pocas veces vista.

Nuestra realidad actual nos permite concluir que Venezuela está políticamente polarizada, pero pienso que esa polarización es producto precisamente de esa diversidad. Una diversidad sin objetivos concretos, que Chávez ha sabido manipular hábilmente en función de sus intereses y caprichos personales durante mucho más de 11 años, una diversidad que nunca supimos canalizar como sociedad y que como oposición torpemente hemos manejado. 

De manera irresponsable hemos permitido que la polarizaciòn marque nuestro destino y trastoque la verdadera esencia de nuestra identidad.  Crecimos como una sociedad dividida, separada socialmente, pero unidos por un lazo de hermandad que superaba cualquier diferencia.  Lamentablemente, con el devenir de los años nuestra sociedad  terminó fracturándose y esos dos polos que crecieron aislados e indiferentes terminaron enfrentándose, convertimos la separación en confrontación y permitimos que el estigma de la intolerancia  y el resentimiento definieran las reglas del juego. 

Mientras unos hacían mella en una sociedad fracturada, en el otro extremo de manera arrogante apostamos por la indiferencia, sin darnos cuenta, que esa indiferencia fortalecía la confrontación, que ha permitido que la polarizaciòn gane terreno y se siembre en el alma de nuestra patria, alcanzando niveles, para muchos, irreconciliables. Esto indudablemente terminó sepultando aquel lazo de hermandad y alejándonos del verdadero objetivo de toda sociedad, le dimos la espalda a todo aquello que alguna vez nos unió, no supimos valorar la grandeza de la patria unida que siempre fuimos y permitimos que la rivalidad política rebasara los limites de la campaña electoral, perdimos nuestro norte,  le dimos prioridad a todo aquello que nos separaba y en ello depositamos todas nuestras energías.  Es innegable que el daño que le hemos hecho a nuestra patria, a nuestra sociedad, a nuestra familia y sobretodo a las generaciones venideras,  es incalculable y aunque lo reconozcamos, desafortunadamente la reflexión  no ha sido firme, por el contrario, ha sido esporádica, convencional y también aislada.  Mientras un extremo gira alrededor de un mismo eje, lo que innegablemente  le ha permitido fortalecerse e imponerse,  en el otro extremo, aún cuando finalmente comprendimos que  la unidad es  nuestra mayor fortaleza, hasta ahora ha sido una unidad sin bases sólidas, sin objetivos concretos, es una unidad que sigue respondiendo a intereses aislados, personalistas y partidistas. 

No hemos entendido que más allá de nuestras diferencias políticas, por irreconciliables que parezcan, como venezolanos, individualmente, debemos responder a un mismo objetivo.No hemos entendido que más allá de nuestras diferencias políticas, por irreconciliables que parezcan, como venezolanos, individualmente, debemos responder a un mismo objetivo.Que a pesar de ellas, nuestras aspiraciones deben conducirnos siempre a la construcción de una mejor sociedad y a la consolidación de nuestra plena libertad de conciencia. Es ese el objetivo en el que debemos enfocarnos, debe ser esa nuestra mayor premisa, un objetivo común que albergue todo aquello que nos une como patria. 

Nuestras diferencias deben mantenerse, son necesarias para garantizar la diversidad y la pluralidad de un país. Sin embargo, como en todo, no escapamos de la necesidad de plantearnos un punto de coincidencia que nos permita orientar esas diferencias y esa diversidad en función de un sólo objetivo común que debe prevalecer en cada venezolano como aspiración suprema capaz de imponerse sobre cualquier otra aspiración personal. Un objetivo que sea propio de cada uno pero que a su vez nos incluya a todos sin excepciones, un punto de encuentro donde podamos coincidir todas las corrientes por antagónicas que sean.

Hablar de unidad en Venezuela puede sonar a utopía, hablar de reconciliación puede parecer inalcanzable…sobretodo en un país donde muchos no han logrado comprender que más allá de nuestras diferencias existe un objetivo superior a todo y que la Venezuela grande debe ser nuestra aspiración suprema y nuestra prioridad aún por encima de nosotros mismos.  Puede que sobrevivir a nuestras diferencias no sea una tarea fácil, pero bien valdría la pena intentarlo cuando lo que está en juego es la reconstrucción de nuestra patria y un mejor país para todos.

Cuando los venezolanos entendamos que Venezuela es de todos y para todos y que cada uno es directamente responsable de ella, cuando asumamos nuestro verdadero compromiso con la patria y con nuestra historia, sin duda el camino será más claro y nuestro objetivo ya no parecerá inalcanzable.

Cuando entendamos que más allá de sumar militantes en un partido, se hace imprescindible sumar verdaderas voluntades comprometidas con Venezuela, sumar venezolanos dispuestos a luchar incansablemente por un sólo objetivo que trasciende por si mismo a cualquier expectativa personalista…habremos dado el primer paso hacia lo inalcanzable, hacia una verdadera unidad, porque la unidad no puede concebirse como una estrategia electoral, la verdadera unidad debe trascender mas allá de un tarjetón, la verdadera unidad debe alimentarse y fortalecerse con el compromiso real de todos aquellos que quieren construir patria.   

Sin importar el camino que tomemos, ni el color de nuestras ideas, incluso sin importar los errores cometidos en nombre de la lealtad a aquello que creemos correcto, aunque para otros no lo sea, lo verdaderamente importante que debemos tener claro es que todos caminemos hacia el mismo lugar y es ese el objetivo en el que debemos enfocarnos, nuestro deseo de construir una patria digna, nuestro deseo de rescatar ese gran país que tanto amamos, ese país que tanto nos ha dado, esa debe ser nuestra premisa.  Seamos capaces de hacer a un lado todo aquello que nos separa, seamos capaces de asumir el gran reto de voltear el viento a favor de la unidad en medio de la tempestad, rescatemos todo aquello que alguna vez nos unió y pongámosle limites a la confrontación, no sigamos permitiendo que el color de un partido separe lo que la sangre y la historia han unido, no permitamos que nos roben la esencia de nuestra identidad y la grandeza de nuestras raíces, trabajemos en función de aquello que nos une y coloquemos en un segundo plano todo aquello que nos distingue, que nos diferencia, que aquello que nos separe no nos convierta en enemigos, que una ideología no corrompa el alma y que el verdadero patriotismo no se vea envilecido por el egoísmo, retomemos el camino de la hermandad, de la solidaridad, del entendimiento, demos un paso firme hacia la verdadera reconciliación, esa que nos permita reconocer al ser humano que se esconde tras la consigna, esa que nos permita mostrar compasión ante la desgracia de nuestros adversarios, esa que nos permita tender la mano a quien lo necesite sin que medie un carnet político, esa que nos permita abrazar a nuestros hermanos al finalizar la contienda electoral, de la misma forma que caraquistas y magallaneros lo hacen al finalizar el juego.

Sólo entonces se abrirán las puertas hacia la verdadera unidad de los venezolanos, una unidad que vaya más allá de un pacto político y que sobreviva a cualquier tipo de manipulación personalista. Los caminos están llenos de obstáculos, de falsos mesías, de farsantes politiqueros que intentan persuadirnos de nuestro real objetivo, hay quienes se nutren de la división, del caos, de la confrontación, para tratar de imponer un camino distinto, hay quienes propagan el arma letal de la intolerancia y el irrespeto para alimentar el odio que nos separa y que nos hace vulnerables ante cualquier adversidad…pero en contraposición somos muchos los que tomamos el camino correcto, los que tenemos claro nuestro objetivo y que además estamos convencidos de que Venezuela es nuestra gran y única prioridad. Somos muchos los que tenemos claro que siempre habrá algo que nos una más allá de nuestra ideología y que las diferencias entre nosotros lejos de separarnos constituyen un gran nutriente para fortalecer nuestra lucha.

En estos tiempos donde la unidad parece ser un puerto lejano y nuestro barco pareciera hacer aguas, es cuando cada uno de sus tripulantes debe demostrar de qué están hechos, es preciso entender que lo importante es mantenerse a flote y que para ello nos necesitamos todos.  La verdadera unidad no debe consistir en sacar lo mejor de cada partido o de cada polo o sector…sino en sacar lo mejor de cnsotros mismos.
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