LA NUEVA CARA DEL PODER JUDICIAL

Escribir sobre la nueva cara del poder judicial en Venezuela nos obligarìa a mencionar sus antecedentes mas relevantes. Claro está, ello nos tomarìa una muy larga referencia al respecto y no es la idea convertir esta entrada en una enciclopedia. Ya anteriormente habìa realizado algunas referencias efimeras sobre el tema, también habìa satirizado un poco mi visiòn enmarcàndola dentro de un naciente derecho revolucionario del siglo XXI, que dicho sea de paso, tras la satirizaciòn se esconde una gran y triste realidad que involucra a todo el gremio de abogados, al poder judicial y mas aún a la sociedad en general.
No cabe duda que el presidente no sólo ha pisoteado los principios fundamentales que rigen una sociedad democràtica, como la libertad de expresiòn, la libertad de pensamiento, el debido proceso, la presunciòn de inocencia, entre muchos otros. Su capricho ha echado por tierra principios elementales que en el mundo moderno han servido de base y fundamento a las sociedades democràticas. No conforme con volver añicos la teorìa de la separaciòn de los poderes de Montesqueau, también se ha dado el tupè de voltear la piramide de Kelsen y de imponer una nueva escala de jerarquizaciòn de las leyes donde èl al igual que ocurre con la separaciòn de los poderes se ha autoproclamado como la ùnica y mas alta autoridad. De allí una consecuencia inmediata y por demàs inevitable que deriva sin duda alguna en la anarquìa desproporcionada que hoy día reina dentro del poder judicial venezolano, con la que tenemos que lidiar los abogados y a la que estan expuestos todos los venezolanos.
Algunos se preguntaràn si esto no ocurrìa durante la cuarta, o peor aún si acaso no es lo mismo pero con distintos personajes, recordando a las llamadas tribus judiciales que manejaban las cuerdas de todo el aparataje judicial del paìs o la desidia de funcionarios que provocaban el llamado retardo judicial o aquella temida pràctica judicial que apoyada en una policìa corrupta e ineficiente que condenaba primero e investigaba despues, en fin caracterìsticas como estas no dejan muy bien parado al poder judicial de la llamada cuarta repùblica. Ahora, en esta quinta, se “suponìa” que todo serìa distinto, donde prevaleceria un estado social de derecho y de justicia incorruptible, un estado de derecho absoluto, respetuoso de las libertades y principios constitucionales e insprirado en los valores de honestidad, igualdad, transparencia, justicia y equidad, que sin duda le darìan al ciudadano venezolano una garantìa de justicia nunca antes vista. Sin embargo nuestra realidad es otra, ya no existen tribus, pues aquì las decisiones judiciales las toma un sólo hombre y sus decisiones no se discuten sólo se cumplen. Ya el juez no le da la vuelta a las palabras y las acomoda para tratar de justificar sus decisiones, simplemente se cumple su voluntad y punto. El debido proceso, bueno sin duda le han dado otra connotaciòn, pues el debido proceso se aplica de acuerdo a la naturaleza ideologica de quienes son procesados y obviamente el procedimiento cambia también siguiendo esta premisa. Los criterios, pues èstos son tan volàtiles como los caprichos del presidente y tienen hoy día caràcter vinculante y de obligatorio cumplimiento.
De modo que hoy vemos con desparpajo como a diario aquellas teorias y principios que durante nuestra carrera convertimos en premisas fundamentales y de obligatorio cumplimiento, reglas que deberìan orientar nuestro ejercicio profesional y el ùnico medio para alcanzar la tan anhelada justicia, se convierten en letra muerta, como han perdido vigencia en nuestro ejercicio diario y mas aún vemos con tristeza e indignación como los jueces y magistrados que crecieron bajo esos principios simplemente se desentienden de ellos y los pisotean para sòlo favorecer y emular el capricho de un sólo hombre. Muy bien lo decia el maestro Couture, que hoy día pocos jueces recuerdan, “cuando la polìtica entra por la puerta del tribunal, la justicia sale por la ventana”, en Venezuela la polìtica entrò hace mucho tiempo por la puerta principal del poder judicial, se ha enquistado en cada rincón, en cada sala, en cada tribunal y lo más triste es que la justicia, la justicia verdadera, que lucha por mantenerse dentro, ha sido vilmente golpeada, vejada y sacada a patadas de su sitial.
Hoy ya nada nos sorprende, los atropellos, la injusticia, la anarquía es la base de nuestro ordenamiento, el servilismo es la regla que orienta el ejercicio de los jueces y magistrados, mientras que la constituciòn y las leyes que en otrora fueron las herramienta fundamentales de los abogados hoy se hacen inùtiles ante la inobservancia de los llamados operadores de justicia, aquel clichè de la cuarta que nos decìa que “hay abogados que conocen las leyes y los que conocen al juez” perdiò todo su sentido, pues ahora no vale de nada conocer la Ley ni conocer al Juez, con que conozcas al diputado X o al Ministro Z o que seas adepto a la revoluciòn o no vayas en contra de ella, es más que suficiente para lograr la justicia que esperas y los ciudadanos se enfrentan a una verdadera ruleta a la hora de exigir justicia, pues ademàs de los parametros anteriores, nos enfrentamos al nacimiento de un nuevo delito capital en el que incurrimos sólo por pensar distinto o por expresar tus ideas si èstas son contrarias a la Revoluciòn.
Hoy día se pretende que los venezolanos aprendan a vivir bajo el amparo de un nuevo orden jurídico, paralelo a aquel que reposa en la constituciòn y las leyes e incluso contrapuesto a los principios que consagra la carta universal de derechos humanos. Nuestra libertad y nuestros derechos estan en manos de un grupo de serviles que olvidaron los principios generales del derecho y ahora resuelven sus decisiones con una llamada. Quizàs los mas osados se atrevan a improvisar y producir adefecios cuya validez se fundamenta en la defensa de la revoluciòn, otros que quizàs prefieren jugar ping pong con las decisiones y le dan largas hasta tanto consigan deslastrarse de la poca dignidad que le queda para imponer la justicia del Rey, mientras que la carrera judicial acaba dràsticamente y en el escarnio pùblico para aquellos que comentan la atrocidad de actuar conforme a derecho y con plena conciencia del deber ser.
¿A donde nos conduce esta situación? Sin duda nos lleva a enfrentarnos a un poder judicial genuflexo que se arrodilla ante la voluntad de un sólo hombre, que da la espalda a la justicia y convierte en letra muerte los principios generales del derecho que se supone deben inspirarla, un poder judicial en manos de jueces y magistrados serviles que dejaron a un lado su compromiso moral con la justicia y se han convertido en burdos instrumentos de un mal llamado socialismo cuya fuente de poder es la supresiòn de los derechos y libertades de los ciudadanos y la inobservancia absoluta del ordenamiento juridico. Jueces y magistrados que han vendido su conciencia y negociado los derechos de los ciudadanos; magistrados, jueces, fiscales y defensores que olvidaron el contenido de aquel decalogo que nos enseñaron al graduarnos, que dan la espalda a la constituciòn y las leyes que juraron defender, que niegan a los ciudadanos sus derechos mas elementales y se atreven a jugar irresponsablemente con el bien mas preciado del hombre, su libertad.
Esa es hoy dìa la verdadera cara de nuestro poder judicial, un poder judicial que perdiò su autonomìa, que perdiò su razòn de ser y que mas triste aùn, , perdiò el respeto y la credibilidad ante los venezolanos.

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